sábado, 19 de febrero de 2011

Cuatro meses.

Es lo que he aguantado hasta que se me ha escapado 'una lagrimita' en el trabajo (de emoción).

Ayer, después de cuatro meses de gestiones, llamadas, entrevistas, seguimientos e informes, una pareja con la que trabajo (yo directamente sólo con la madre), pudo hablar a través de videoconferencia con sus hijos (sordos) y a los que desde hace dos años y medio no veían. Sólo mantenían contacto telefónico quincenalmente con el mayor, ya que los dos pequeños se comunican a través de lengua de signos.

Y claro, 45 minutos aguantando la emoción era mucho tiempo, así que no pude evitar -igual que ellos y una de mis compañeras- que cuando acabara la entrevista se me cortara la voz y se me saltaran las lágrimas.


Supongo que era inevitable...




(Fotografía de Carolina Camps)