Es lo que he aguantado hasta que se me ha escapado 'una lagrimita' en el trabajo (de emoción).
Ayer, después de cuatro meses de gestiones, llamadas, entrevistas, seguimientos e informes, una pareja con la que trabajo (yo directamente sólo con la madre), pudo hablar a través de videoconferencia con sus hijos (sordos) y a los que desde hace dos años y medio no veían. Sólo mantenían contacto telefónico quincenalmente con el mayor, ya que los dos pequeños se comunican a través de lengua de signos.
Y claro, 45 minutos aguantando la emoción era mucho tiempo, así que no pude evitar -igual que ellos y una de mis compañeras- que cuando acabara la entrevista se me cortara la voz y se me saltaran las lágrimas.
Supongo que era inevitable...

(Fotografía de Carolina Camps)